Recurro a este artificio geométrico tridimensional para referir mi propia percepción del tiempo; para llegar a mi disposición comenzaremos por desgranar la percepción del tiempo según un par de creencias religiosas más que espirituales.

Según la religión hubo un inicio en el que el dios creó todo, creó la dualidad que no explotaré porque no tiene cabida en esto; creó también el universo conocible y observable y con el ser humano culminó su obra; según la religión, existe una eternidad alcanzada por el jesús católico con su muerte y resurreción, una eternidad que comienza cuando el ser mortal, que es únicamente cuerpo, muere y su alma es juzgada en base a las 10 reglas de comportamiento que un profeta antiguo pusó al alcance del entenidimiento humano; y según la misma religión, sí existe un final de los tiempos en el que vivos y muertos serán juzgados para existir eternamiente, ya sea en el paraiso o en el infierno.

Entonces, el tiempo tuvo un inicio cuando un dios del que se desconoce su pasado creó un universo; dió al hombre algunas reglas genéricas (que a mi particular parecer, Isaac Asimov tuvo mejor tino en sintetizar el comportamiento idealizado del ser humano con las tres leyes de la robótica); mediante el sacrificio de su hijo en la tierra consiguió una eternidad para todos, eternidad que quiero pensar es la línea del tiempo en la que vive el dios; y por último, algún día ese tiempo que tuvo un inicio, también tendrá un fin.

Si esto es cierto, hay dos líneas temporales, una que preexistía a la creación de la segunda y a la cual vamos conforme vamos muriendo y vamos siendo juzgados.

Otras creencias aluden al tiempo percibido como un ciclo sin fin, una eternidad que carece de un punto, eternidad en la que el ser humano está destinado a repetirse hasta lograr una purificación por medio del aprendizaje significativo del Yo en diversas formas, cada una reemplazando significativamente la forma obtenida en la vida anterior. Una vez que el ser humano alcanza la perfección, sale del ciclo y se reúne con la unidad y vuelve a ser parte del todo sin tiempo ni espacio, únicamente perfección.

Entonces, de algún modo que desconozco, ese Yo en crecimiento espiritual existe en este ciclo sin fin y nada más posee ese ciclo en el que se ve envuelto hasta que sale y se une a una entidad sin tiempo, de modo que el tiempo solo existe mientras es requerido para la completitud, o lo que con un cambio de percepción pudiera implicar, el tiempo existe desde siempre en un ciclo infinito que se repite sobre sí mismo en el cual el Yo cae para recorrerlo cierta cantidad de veces y luego sale de él, pero el ciclo continua y aunque podríamos pensar en un punto del arco que fungiera como inicio y fin, existen infinitos puntos, quizá no incontables o infinitos en el sentido práctico porque los habitantes del ciclo y las formas que pudieran tomar no son infinitas, pero sí muy numerosas.

Desde este punto, una no contrapone a la otra, simplemente son dos formas de percibir la diferencia entre el inicio de dos sucesos; a pesar de que ambas teórias son bastante explicativas en sí mismas, cada una es creación del ser humano y de la necesidad de poseer control sobre todo aspecto que le afecta en la vida.

El paso del tiempo es quizá, el fenómeno más importante en la vida del ser humano; incluso el concepto de vida está fuertemente subeditado al paso del tiempo. Sin embargo reflexionar en el tiempo induce a pensar en un avance, la misma naturaleza de esta percepción relativista de la dimensión intangible, implica una sucesión unidireccional de estados y cambios (esta concepción de los elementos que componen la sucesión incluyen las fases dinámicas y estáticas de la percepción del tiempo en cualquier aspecto);

Apelar al concepto de vector es quizá la forma más sencilla de entender el paso del tiempo. El tiempo poseé un módulo, dirección y sentido. Aclaro antes de seguir que sé que el tiempo es una magnitud escalar y no me importa contradecir esa percepción del mismo modo que no me importa ser acusado de hereje por tomar tan a la ligera la palabra de la religión.

Bajo este contexto entonces la sucesión de hechos puede dar un sentido positivo o negativo al vector tiempo y no por ello implica que el tiempo cambié de dirección, sólo de sentido; Para explicar esto abusaré de las analogías para vulgarizar el concepto y explicarlo más llanamente: al paso del tiempo te puede ir bien o mal y nunca retrocede el tiempo. Sentido: bien/mal. Una única dirección.

Nuevamente pisando el terreno de la conjetura, porque no se me ocurre el aparato matemático y no tanto folosófico, que me ayude a demostrarlo, ese avance inevitable está implícito en ambas teorizaciones del tiempo; por un lado, el paso del tiempo lineal nos conduce a ese final y nos jala a esa eternidad prometida. Por el otro, el paso del tiempo nos conduce a vivir lo mismo una y otra vez hasta que demos con la solución, con la única variable de la forma en la que vivimos cada vez.

La teoría del inicio y fin carece de ese sentido de aprendizaje, porque al final de los tiempos seremos juzgados por nuestros actos y no existe trascendencia alguna para el ser, de modo que elimina y anula totalmente la existencia con un fin. No creo que el ser humano desee una existencia carente de sentido, ya que al final seremos juzgados y lo único que podemos hacer es esperar que lo que hagamos con nuestra vida nos pueda catalogar como buenos o malos para ese día del juicio.

Por otro lado, la teoria del ciclo es extremadamente burda pues estaríamos destinados a repetir la misma situación un número infinito de veces y en algún momento la naturaleza del ser y apelando un poco a la concepción platónica de que ya todo lo hemos vivido y aprendido, eventualmente recordaremos la vivencia de un punto en partícular del ciclo e incluso exagerando las capacidades del ser, podríamos preveer lo que en esta vida nos está pasando.

Si en la líneal existiera un factor de cambio que implicara el crecimiento del ser y no sólo su sumisión al yugo redentor o castigador de un dios de dudosa procedencia, el ser humano poseería un sentido porque sabe que hay algo que vale la pena por lo cual vivir de una u otra forma, lejos de pensar en ser bueno o malo a los ojos de los cánones religiosos.

Y en otro punto, si en el ciclo hubiera una implicación de avance con la promesa de un final más cercana que la simple perfección, el ciclo ganaría empeño y el ser podría empecinarse en mejorar el ciclo siguiente en base a lo que pudo aprender en el ciclo anterior.

De modo que la sobreposición de ambas teorías da como resultado lo que a mi parecer es el sentido más práctico de observar el tiempo: Una helicoide.

La helicoide implica el ciclo por su misma naturaleza pero también implica un cambio en un tercer sentido que por fuerza evoca un cambio, una evolución. Aunque pasaras por el ángulo 37 del arco, no estarías pasando por el mismo punto en el eje de desplazamiento Z porque el tiempo no te lo permite al ser esa sucesión constante e infinita.

De este modo, hemos vivido N pasos de la helicoide y cada vez crecemos más y más, hasta que en dado momento lleguemos al final de nuestra hélice particular y se acabe el ciclo o se acabe el mundo o nos vengan a juzgar desde otro plano.

De acuerdo a las funciones que describen la hélice, el factor considerado como constante en la rotación y desplazamiento es sin embargo una función, que bien puede ser la ecuación de Shrödinger que describe la superposición de todos los estados de un conjunto de variables, de modo que la hélice puede converger más rápido hacia el infinito en un número de pasos menor o bien puede tener un arco bastante cerrado que no se alejara mucho del centro del helicoide.

Una hélicoide mutable puede representar el tiempo muy adecuadamente porque al inicio de nuestra existencia independiente de la forma terrenal que tengamos, estamos obligados a repetir lo mismo una y otra vez casi inmediatamente hasta que logramos avanzar y dar un paso más importante en Z y en las vidas en las que más crecemos quizá el arco es más amplio permitiéndonos abarcar muchas más experiencias en nuestro aleph personal y en el final de esa existencia puede que la frecuencia de repetición del ciclo sea más amplia haciendo que avancemos más pápido al final porque ya no queda mucho por aprender, incluso cerrando el arco de la hélice.

Esta percepción solo basta para entender el tiempo y entender que a lo largo de muchas convoluciones de mi hélice temporal he venido teniendo muchas vivencias y que en algunas vidas me ha sido posible aprender más que en otras y avanzar más; incluso saber que la ecuación de cambio en el avance espiritual puede llevarme a compartir el camino con otras personas y con ellas evolucionar, avanzar y crecer mientras nuestras helicoides convergen en tiempo.

Concluyendo, esta tésis busca inducir y sugerir que el ser puede describirse con estas ecuaciones:

x = r cos (a z)
y = r sin (a z)
a = iħ|Ψ(t)>

Donde x,y,z son las tres dimensiones en las cuales se mueve el ser durante su existencia y a es la ecuación de Shödinger que describe la superposición de todo lo que vivimos a lo largo del tiempo.

Que por cierto, t está recursivamente dado en términos de x e y.