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En armonía, paz y soledad, acompañado de los sueños más lúcidos y pesadillas más obscuras, voy de la mano de la nostalgia. A nuestra espalda sus heraldos componen la caravana más alegre que jamás se haya visto, cómo no serlo si la nostalgia está hecha de mis más gratos recuerdos.

En mi oído aún resuena el sonido de tu risa, en la retina de mis ojos tu silueta grabada a fuego sigue incesante y continua. Aún siento en mis brazos el hueco que dejó tu cuerpo tras el último abrazo. Embriagados mis sentidos confunden mi ya de por sí, trastornada mente.

La nube que dejó el polvo tras la sacudida que el pasado viniera a hacer a mi molesta rutina, se mete en mi nariz saturando los alvéolos de mi respirar provocando cruentos espasmos de tos en mi, ¡maldita debilidad!

Mis nervios en constante alteración gracias a la contaminación que el escándalo de afuera provoca; como cruel burla a la tos del polvo y ala ceguera impuesta por tu imagen, aún no me decido si bendecirte o maldecirte, ¿qué he de hacer?

La realidad con la que hoy me desperté y la insaciable ansia de poder que por años me he venido forjando. La necesidad de un montón de cosas que ni siquiera estoy seguro de necesitar y aún así las considero imprescindibles.

Libros que ante mi se muestran como capítulos de mi vida. Interesante proyecto, el libro de mi vida titulando cada episodio como cada libro que me ha acompañado. 1984, La revolucioncita, La tregua, Mal de amores, vaya coincidencias.

El asesinato del pasado que como antes mencioné vino a darme un golpe éste día. Mis pies que como una isla están detenidos en el charco de sangre que dejo el cadáver del pasado. Separé sus restos en bolsas pequeñas, mezclando la basura que salió cuando se fue el monstruo que habitaba bajo mi cama.

Un té que promete solucionar la ingesta de una comida soberbia y un tanto atascada que aún no termina. La actividad incesante de los quehaceres que la vida sedentaria ha impuesto a los nómadas que se convirtieron en habitantes de ésta cueva.

La guitarra descompuesta que ahora en un rincón da su último concierto, mientras la noche baila sensualmente ante mi recordándome cada uno de mis errores y fracasos. El rifle con el que asesiné al pasado aún está cargado. Con un poco de suerte hoy habrá un asesinato más.

Todo en su lugar y yo tan desatinado, parece que un tiro de letras en mi sien será suficiente para contener una vez más a la locura que cargo a todas partes, esperando el mejor momento para liberarla y venderle mi alma a cambio de libertad.

Mi entorno y yo vibramos en una melodía infinita de tonadas suaves y bajas mezcladas en un ritmo pausado pero constante al que algunos se empeñan en llamar vida. No sé cuanto dure mi vibración ni sé si algún día dejaré de vibrar.

Gusto pensar que durante mi vibración voy armonizando junto con el mundo y así espero la corriente de viento que levante mi vuelo mientras sigo entrenando mis caídas. Una octava no basta para la sinfonía de todo mi mundo y su actor principal: Yo.

Así, sin más, Vic