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La Piedra

Polvo eres y en polvo te convertirás. Todos hemos escuchado esa frase, pero para mi posee un significado especial. Desde pequeño fui una piedra, una pequeña roca sin forma que se limitaba a existir. Con el paso del tiempo aprendí que existen otras piedras como yo y que los humanos muchas veces no comprenden esa suerte, confunden la superficialidad de la apariencia impenetrable que nos enviste, con una armadura todo poderosa por la cual nada pasa.

Sé muy bien que mis virtudes y defectos como piedra, son más marcados que los de un suave humano y su libertad animalesca, pero también sé que como piedra he aprendido algunas cosas. Los humanos como las piedras, pertenecen a distintas clases, simplemente porque sus diferencias naturales muchas veces son tan marcadas como las existentes entre una escultura bien modelada y una piedra cualquiera.

Conforme crecí me di cuenta que yo tenía un mundo por delante y que podría convertirme en una piedra importante, que podría dejar de ser lanzado hacia alguna ventana, para convertirme en un busto de alguien famoso quizá, o tal vez en la piedra angular de alguna construcción importante. Fui viendo qué clase de piedra podría ser y al igual que los humanos deciden su propio destino, así mismo decido yo.

Pude haberme convertido en una piedra preciosa, pero me di cuenta que su existencia fútil carecía de total sentido; se la pasan la vida entera resaltando su propia belleza, opacando a otras piedras y entre más grande es la piedra, más grande es su vanidad. Me di cuenta también que incluso hay algunas personas que se la viven adorando el reflejo que el espejo les muestra cada día, sin detenerse a pensar que una vez fueron carbón mineral.

También pude haber sido un ladrillo, más humilde, menos codiciado y sin el riesgo de la vanidad tocando mi puerta. Pero no, yo no quería ser alguien más, ser de un montón de ladrillos, componer una pared o un muro sin distinción alguna, con un poco de suerte colgarían un cuadro sobre mi rostro y con ello yo no sería uno más, sin embargo esa existencia vacía, monótona y estática me llevó a pensar que también hay humanos que viven fijos en una posición junto a otros humanos en su misma situación lo cual no me agradó.

Quizá pude haber dejado que algún artista me moldeara en alguna bella escultura, pero mi existencia entonces sería aquella que el artista deseará en su composición. No sería yo, sino la imagen representativa de la idea que el escultor plasmara sobre mi. Del mismo modo, los humanos que carecen de una personalidad propia y buscan en alguien más ese moldeado carecen de un significado y ello me pareció intolerable.

Tuve oportunidad de lanzarme a un río y dejar que su cauce suavizara mis cantos y volviera suave y tersa mi superficie, sobra decir que no le vi sentido a ser del selecto grupo de piedras de río que quizá sirvieran para decorar algún adorno seudomodernista o la fuente de alguna plaza de modo que al igual que las personas públicas, yo fuera de dominio general.

Tal vez si me lanzara a un volcán y dejara que su calor me fundiera pudiera renacer en una piedra más poderosa o quizá más grande, enriquecida con algunos minerales pero frágil al paso del tiempo y al igual que las riquezas materiales del hombre, mis propias riquezas se perderían un día. Pude haber sido monolito, piedra de alguna pirámide, componente de alguna estructura antigua pero simplemente no nací en el tiempo correcto.

Pude haber sido una piedra astronauta, pero los plásticos son más audaces y menos propensos al paso del tiempo de modo que ellos ganaron la carrera espacial. También pude haber sido parte del asfalto de alguna ciudad o simplemente pude haberme lanzado en mi soledad al algún desierto paraje dejando que la arena suavizara mi textura y entregarme por completo a las reflexiones que durante mi inminente y lento final, pudieran ocupar mi empedrada mente.

Después de ver a los humanos pisar las piedras sin detenerse a mirar si éstas podían opinar algo, me dí cuenta de que los humanos y yo jamás nos entendemos. Yo no hablo humano y los humanos no hablan piedra. Simplemente creo que la pasividad con la que el fluir del tiempo y el espacio sucede sobre nosotros, no es compatible con la marea de sensaciones y complejidades socio-emocionales que aquejan eso que los humanos llaman corazón.

Algunos viajantes han pasado algún tiempo sentados sobre mi, reflexionando, lamentándose o riendo según la misma vida por la que transito, los haya tratado. Muchas veces he escuchado a los humanos jurar sobre mi, promesas de amores imposibles, fugaces, estruendosos y hasta destructivos; he visto a los humanos lanzar piedras para destruir más piedras, los he visto moldear piedras para engalanarse en ellas, los he visto pulir y adornar más piedras para verse y sentirse bien.

Al final, me di cuenta que la mejor piedra no es la que ostenta el mayor kilataje, o la que forma parte del muro más bonito, o la que forma la escultura más bella, ni siquiera la que en el desierto o en el río pasan su tiempo, me di cuenta que la mejor piedra, así como el mejor humano es el que vive de acuerdo a sus principios y a costa de las demás piedras defiende su sentir y su pensar. Ja ja ja, los humanos, curiosos personajes, van y se complican con tribulaciones insensatas sobre temas que no se molestan en entender… Ah! los humanos, tan preocupados por trascender y tan alejados de vivir… Oh! los humanos, tan preocupados por cuidar tanto sus sentimientos que se encierran en burbujas repetitivas sobre si mismos…

Yo no sé hablar humano pero he visto lo suficiente como para saber que como piedra, la vida me sienta mejor🙂