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Clamo a quien con juicio de razón sustentada, pueda dar fe y validez o ponga fin a mi razonamiento, sobre esta duda que ha venido gestándose en mi mente por algunos años. Como título indica, este pequeño (o no tanto, no lo sé) texto busca establecer algunas pauta y axiomas que enuncien las propiedades naturales del tiempo lingüístico conocido como participio.

Comencemos por un principio e iremos deshebrando poco a poco la madeja que envuelve mis pensamientos; el tiempo participio, una de las formas no personales del verbo, que lo muta sin alterar su naturaleza para construir estados de tiempo completamente distintos y por tanto, más robustos.

Según las definiciones, encuentro la clasificación que por su función u objetivo tienen los verbos transformados al participio. Dicha taxonomía se encuentra ya establecida y no es de mi intención repetir lo ya dicho, sino definir lo construido a base de observación.

El participio transforma la acción de un verbo y la convierte en un constante, de modo que el sujeto pasa de realizar una acción a encontrarse subyugado por un estado, en otras palabras, el sujeto pasa de poseer soberanía sobre su acto, para contemplarse absorbido por el mismo acto sin conocer siquiera el final de dicha situación. Ejemplos para ésto:

  1. José contempla la multitud.
  2. José es contemplado por la multitud.

Esta transformación, no sólo altera el sentido de la oración; si bien la oración posee la misma estructura (José + verbo + la multitud) la implicación existencial de el sujeto (como observador en un inicio y como ser observado después) es totalmente (abismalmente, quizá) distinta. Es importante remarcar que no hay aquí un sentido de voluntad puesto que el sujeto se encuentra de forma espontánea en ambas situaciones sin conocer un inicio o un final; la primera oración se encuentra en presente simple y denota únicamente, que el sujeto realiza una acción en el momento de ser enunciado. La segunda, por otro lado, establece que el sujeto se encuentra bajo una situación sobre la cual no posee control mientras que el complemento del predicado (la multitud) obtiene éste poder.

De lo anterior, podemos establecer que la situación resultante de la transformación de un verbo en su forma de participio puede depender de la voluntad de una entidad que a su vez, puede estar implícita en la oración o ser mencionada de forma explícita. Entonces, al existir una voluntad de realizar este cambio casi alquímico, existen por fuerza, dos variantes de la transformación: una que obedece la voluntad del quien enuncia y otra que se gesta en el momento de delegar la voluntad a ningún ente.

Corrupto y corrompido. Disperso y dispersado. Impreso y imprimido. Espero a estas alturas que tú, lector, puedas leer no solo la transformación de éstos verbos en su forma de participio, que puedas leer la voluntad de realizar algo. De cualquier forma podemos realizar el siguiente ejercicio:

  1. María imprime la publicidad de la empresa desde 1995.
  2. María ha imprimido la publicidad de la empresa por 15 años. «Voluntad»
  3. La publicidad de la empresa ha sido impresa desde hace 15 años por María. «Sin voluntad»

En la primer oración se establece un hecho sin mayores implicaciones que las que se pueden notar de la oración. Por otro lado, en la segunda oración se establece un estado en el cual el sujeto se encuentra realizando la acción sin conocer cuándo acabará; resalto aquí, la importancia de leer la voluntad de María de imprimir la publicidad ya que ése es el estado en el que se encuentra. Mientras que en la tercera, cambia el orden de la oración al establecer que el núcleo del predicado se encuentra en una situación sobre la cual no posee control alguno.

El participio irregular establece un calificativo al estado de la publicidad. Si preguntamos ¿Cómo está la publicidad? podríamos responder: La publicidad está impresa. De forma tal que la voluntad de alguien ajeno a la misma publicidad ha establecido el estado en el que se encuentra. Para otro ejemplo usemos dispersar:

  1. El equipo dispersa la información para mayor seguridad.
  2. El equipo ha dispersado la información para mayor seguridad. «Voluntad»
  3. La información se encuentra dispersa para mayor seguridad. «Sin voluntad»

Con este ejemplo es clara la forma en la que el sujeto queda subyugado por la voluntad que da origen al participio de la oración.

Otro hecho peculiar sobre la transformación que hemos venido viendo, es que algunos verbos pasan a ser usados como adjetivos al ser llevados al participio. Prender, prendido. Pintar, pintado. Ver, visto. Componer, compuesto. Siguiendo la misma línea de pensamiento de usar tres oraciones para establecer una evolución en el estado de los núcleos de una oración, podemos llegar a un cuarto enunciado, en el cual el núcleo del predicado (aquél que no posee voluntad sobre su estado) se encuentra siendo descrito por el participio que lo rige.

Usando el primer ejemplo (imprimir) podemos decir lo que sea de la publicidad impresa de la empresa, puesto que para el tiempo en el cual ésta oración es creada el nuevo sujeto (la publicidad) posee un estado (impreso). En el segundo ejemplo pasa un caso similar, la cuarta oración puede hacer cualquier alusión a la información dispersa del equipo. De éstos simples ejemplos podemos observar el origen de los verbos como adjetivos y también apreciar la voluntad existente en los estados de las cosas, descritos por un participio.

Si bien estas anotaciones no poseen un conocimiento profundo, sí llevan una observación sutil de la naturaleza de las cosas y los actos. Sea pues alguien mejor preparado que yo, el juez de lo dicho y no el verdugo del observador.

Desde mi cabina de locura y con éste frío ambiente, Vic.