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Ilógico, lo sé. Hace tiempo cuando estudie la Inteligencia Artificial y sus motivos y consecuencias más ontológicas, tope con el problema de saber, si una computadora siente o si puede llegar a sentir, que en su mayor acepción el problema se complica a determinar lo que es el sentir y cómo puede una computadora entrar en el umbral que nos sirve para distinguir un sentimiento.

Al nivel de un humano común, los sentimientos son el espectro amplio de fenómenos que van desde todo el conjunto de situaciones que estímulan nuestros sentidos (que no por nada se llaman “sentidos”) de un modo u otro hasta los estímulos y comportamientos (físicos o mentales) que el cerebro en su autonomía, emite en respuesta a tales situaciones. Amparados en mi definición, podemos evidentemente y de manera muy simple, llevar los sentimientos al plano volátil de la computación definiendo entonces el cerebro como el encargado de recibir la información de las situaciones del exterior y emitir o no, una respuesta acorde, ya sea que resulten en un efecto físico ymedible sobre el sistema o en más información para ser procesada.

Sin embargo, tengo que atacar mi propia tésis con el contra-argumento de que el ser humano en su infinita ignorancia permite que un sentimiento cambie por completo su comportamiento y de manera más atrevida y abusando de mis propias ideas, también su percepción del entorno y de las situaciones externas. Un ser humano más hábil en el manejo de las situaciones externas y cómo las percibe, puede pasar por la misma situación que otro, sin mostrar algún cambio o alteración, de modo que un conjunto de situaciones no provoca el mismo sentimiento en 2 sujetos. Con ello, no podemos trasladar el modelo de estudio al campo computacional de manera sencilla.

Dada la computación en su génesis como un modelo determinista resulta complicado administrar un modelo indeterminista como el que acabo de describir, no imposible, puesto que todo modelo indeterminista puede  ser representado por un modelo determinista, siempre y cuando el tiempo no sea una limitante y se cuente con los recursos necesarios, pero como no disponemos de la vida entera para hacer que una computadora sienta 1 sola cosa, cuando el ser humano es capaz de sentir infinidad de cosas en lapsos de tiempo muy pequeños.

Otro de los problemas de todo este flujo de pensamiento, consiste en catalogar los sentidos; si bien existe un umbral claramente definido entre los sentimientos que llevan a cualquier sujeto al placer, mientras que en el extremo opuesto están aquellos sentimientos que provocan sufrimiento,  la variedad de sentimientos que se pueden encontrar entre un punto y otro del umbral son tantos, como la cantidad de números que existen entre 1 y 0, y sospecho que conforme el ser humano adquiere experiencia y sabiduria, el número aumenta de manera alarmante.

Acabo de sentar las variables a las que nos enfrentamos de primera impresión, sin embargo, mientras analizaba ésto y otras cosas más me di cuenta de la peculiaridad del ser humano llamada conciencia. Si metemos éste pequeño factor en la situación, podemos simplificar nuestra definición de sentimiento por una forma más elemental, por un enunciado que dicta la idea a la que llegué y por la cual escribí todo esto. Supongo que la razón de llamar “pequeña” a la conciencia es gracias al cuento de Pinocho y Gepeto.

No se le puede atribuir la capacidad de sentir a ningún ser, mientras éste no sea capaz de tomar conciencia de ello de manera autónoma.

Es de suma relevancia ésta última frase, dado que la toma de conciencia debe ocurrir sin la intervención de ningún otro ser de la misma especie o de una especie superior ya que no podemos confiar en que la percepción del otro ser acerca de la situación sea la misma que la del ser de estudio. Los seres que pueden calificarse como “especie superior” son aquellos que comparten características como la capacidad de comunicación clara y objetiva, la capacidad de procesar información no trivial y la percepción del entorno en al menos, las mismas condiciones que lo haría el ser de estudio.

Un adulto puede considerarse una especie superior en tanto se compare con un niño, dado que ambos poseen la capacidad de comunicarse mediante el lenguaje hablado en el mismo idioma, ambos poseen la capacidad de procesar información no trivial o relativa a las necesidades fisiológicas básicas (comer, dormir, moverse) y ambos poseen la misma cantidad de sentidos y en el caso promedio, ven lo mismo, huelen lo mismo, escuchan lo mismo y la única diferencia radica en la habilidad para interpretar toda esa información. De modo que el niño, sabemos que siente, porque es capaz de discernir de entre el conjunto de emociones que le podría causar un regaño con voz de mando y definirse (quizá subjetivamente) como triste, o enojado si su conciencia así lo dicta.

Volviendo al enunciado principal, en él quedan establecidos los parámetros que han de cumplirse para decidir si un ser (computacional, robótico, biomecánico, o de otra naturaleza) puede o no sentir, en base a un umbral de variables establecidos. Es mi anhelo que estas conclusiones puedan despertar curiosidad en aquellos que como yo, sentimos curiosidad por lo que la mayoria de las personas considera ajeno a su cotidianidad aunque vivan con ello pegado en la frente. Me gustaria que estas ideas pudieran expandirse y podamos construir un aparato sólido sobre el cual, podamos avanzar en la computación y quizá en algún momento se pueda construir una máquina pensante.

Siendo las 4am regreso a mi trabajo de titulación. Vic.

No puedes decir que sientes, si no tienes conciencia de ello. Si alguien te lo dice, ¿cómo sabes que lo que estás si