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Esta mañana, mientras caminaba rumbo a la escuela, comencé mi labor imaginativa y poco a poco fuí aterrizando mis divagaciones en un terreno particular: el poder de las palabras. Un par de palabras que pudieran sonar inocentes de primer instancia, pueden guardar significados muy importantes, lo quiera o no la persona que las dijo. El lenguaje es, para los humanos, un arma muy poderosa, el origen de muchísimas complicaciones, la fuente de la desdicha o de la felicidad.

El hecho de que el ser humano pueda “razonar” o “pensar” no implica en ningún modo la “superioridad de nuestra especie” por encima de los demás seres que habitan nuestro planeta. Al contrario, son la razón y los pensamientos el arma que ha traído desgracias a lo largo de la historia. La historia misma, tiene su gestación con la palabra escrita, hasta entonces no se podía hablar del pasado sin tener que depositar toda la confianza en quien nos lo contaba.

La razón, como un acto mental e intrínseco del ser humano, ha dado génesis a los sentimientos, que si bien son indescriptibles, el proceso constante de pensar se ha encargado de descubrir significados que probablemente no existen y que son resultado del juego engañoso del raciocinio. Es complicado pensar en esto, puesto que mis palabras son resultado de un juicio de razón y al afirmar que la razón puede ofrecer resultados no existentes, caigo en una paradójica situación. Sin embargo seguiré para dejar que el lector llene su mente del poder que en las palabras he hallado.

Pensemos por un momento en una persona, usemos como módelo un ser humano promedio, acostumbrado a escuchar personas en la fila del banco, en el metro, en el autobús, en el trabajo o la escuela, a su familia; la razón se encarga de construir conclusiones y criterios en base a lo que conoce, a lo que puede llegar a deducir de su entorno. Si consideramos que todas las personas poseen ésta misma habilidad y que al expresar sus ideas y opiniones, éstas llegan a oídos de nuestro sujeto de pruebas, nos encontramos con que nuestra persona, no posee pensamientos puros, no posee ni un raciocinio prístino puesto que su mente está expuesta a un torrente de pensamientos generados por otras personas.

Desde niños hemos crecido razonando con lo que nos dicen los demás, nuestro entendimiento temprano está ayudado por aquellas personas con las que convivimos en nuestro proceso de absorción de la realidad que se nos presenta; de aquí que la realidad sea un concepto subjetivo e implantado por otras personas, si no conocemos más de lo que nos van presentando y de lo que vamos aprendiendo, entonces no conocemos absolutamente nada. Ese vacío es muy bien conocido por una gran parte de la humanidad y es sencillo acordar que la difusión de ideas religiosas obedece a esta práctica incesante de razonar.

La mente es para el ser humano su más grande logro así como su eterna perdición. Es la mente la que ha otorgado a nuestra sociedad “avanzada” las herramientas para establecerse como una unidad evolucionada, inteligente, organizada y me permito dudar de todo esto puesto que la comunicación entre los seres que una gran parte de nuestra especie se empeña en llamar “inferiores”, es mucho más civilizada y organizada que la que se aprecia entre los individuos humanos. No es de sorprenderse que la Inteligencia Artificial busque reproducir comportamientos animales y primitivos antes que la complicación de la mente humana.

Mientras seguía pensando en el poder destructivo de las palabras me di cuenta de que muchos paradigmas que ahora ni siquiera ponemos en tela de juicio, han sido fruto de las palabras que alguien más dijo; las ideas de purificación de la raza fueron abolidas hace mucho tiempo por considerarlas barbáricas y aterradoras; sin embargo no es cruel que más de mil millones de personas vivan en pobreza extrema hoy en día. Quiero aclarar de manera tajante que mi opinión no persigue ideas como el racismo o el asesinato en masa, así son las cosas y así han sido desde hace mucho tiempo. Solo estoy estableciendo un punto.

La caza de brujas en el siglo XIII fue resultado de una diferencia de pensamientos, la misma religión judeo-cristiana ha sido la prueba más grande de que el lenguaje es el arma más poderosa que posee el ser humano. No es de extrañarse que los méritos más grandes no sean de naturaleza estratégica o militar sino lingüística, el alcance religioso fue más influyente  que las guerras mundiales; No por nada la ideología cristiana es la más influyente y lo ha sido por mucho tiempo.

La biblia es el libro más vendido en el mundo, las palabras que ahí están escritas han influenciado la razón de millones de personas a lo largo de la historia, la creencia misma es el resultado de un juicio de razón en el cual entran en discusión todas aquellas palabras que nos ofrecen los evangelizadores o portavoces de las ideas de alguien más; al final, trás descubrir el vacío de la vida de la mayoría de las personas, es más fácil seguir el pensamiento y designios de algo que nos ha prometido una existencia mejor en un plano superior y que solo basta con seguir 10 reglas; esas mismas palabras dicen que de no seguir los ideales de aquellos que escribieron la biblia, esa misma entidad superior que te está esperando en su reino de eterna felicidad, te puede obsequiar con un viaje al infierno, dónde sólo te espera eterno dolor y sufrimiento.

A mi parecer, es una técnica de conducción de masas, no crítico pues es más fácil conseguir que un conjunto de gente trabaje por su propio bien si persiguen un ideal en común; sin embargo, la humanidad misma y sus propios razonamientos, ha demostrado incontables veces que el poder (ya sea otorgado o adquirido por cualquier otro medio) resulta contraproducente, aún para el más puro de los humanos. Es por ello que las personas que poseen una conciencia sobre el poder y sus alcances, aún por mínima que sea, deciden estar lo más alejado de tan falsa compañia. No es mi objetivo tratar los asuntos de la debilidad humana en este texto, pero sí el de establecer la magnitud de influencia de un texto o una frase, sobre las personas.

Con ésto, entonces, podemos declarar que la influencia de las personas al entorno de nuestro individuo se vuelve no solo inevitable sino necesaria; de no ser así, ¿cómo podríamos ubicar la mente de un nuevo ser que viene a éste mundo, en su situación temporal y social? Más aún, dejando a un lado, la posibilidad de transferir ciertos comportamientos culturales por medio de la reproducción, ¿podría éste nuevo ser, aprender lo más elemental y sobrevivir?, ¿estaríamos haciendo de un ser humano un animal antropomorfo?

No conozco los alcances del estudio de la infancia y su desarrollo social, por ello me pregunto ¿qué pasaría si se dejara a un bebé, sin influencias por parte de otro ser (humano o de otra especie) en un ambiente controlado? Mis conclusiones son las siguientes:

Creo que nuestro bebé podría no sobrevivir. La naturaleza ha demostrado poseer el control sobre nuestras vidas de maneras nada sutiles, además los progenitores animales, comúnmente enseñan lo más elemental de la supervivencia a sus crías hasta que las consideran aptas para enfrentarse al mundo, los que no están preparados, mueren sin más. Y esa realidad no nos parece cruel y despiadada o barbárica porque no son seres de nuestra misma especie y la empatía es una costumbre adquirida de la misma naturaleza, incluso el sentido de protección puede verse entre seres de otras especies.

En el remoto caso de que nuestro bebé sobreviva, no podría explicarnos sus razonamientos, puesto que aprender el lenguaje es inherentemente otra forma de influenciar una mente jóven y moldeable. Hay sutilezas en el lenguaje que cada uno de nosotros posee que serán transmitidos junto con el contenido de nuestras ideas al comunicarnos y ésto también influencía a quienes nos escuchan.

Pasando a un terreno más personal, quizá un tanto poético, las palabras pueden afectar los sentimientos de una persona positiva o negativamente, e incluso el de muchas personas de manera tangencial. Los celos y el amor son resultado del lenguaje entre dos personas o más, según la modernidad de pensamiento o el nivel de habilidad para mentir. No quiero profundizar en estos temas porque creo que es más eficiente alterar el estado emocional de una persona que el estado intelectual, éste último requiere más esfuerzo por la cantidad de mensajes que con una sola palabra podemos transmitir; ésta ambigüedad no es característica del habla hispana, todos los lenguajes poseen ésta naturaleza y por más claros que queramos ser con nuestras palabras, siempre existirán esos detalles que pueden cambiar el sentido de toda comunicación.

Es claro que para que esta mecánica de influencia por comunicación funcione, no sólo se necesitan idealistas con el ánimo de comunicar algo; también es necesario que existan personas que escuchen o lean, ya sea por convicción o con vacíos y dudas que requieran solución y llenado. Es por ello que la naturaleza del lenguaje, exige que las comunicaciones sean lo más correctas posibles, es de alta importancia que las nuevas generaciones comprendan toda el poder de años y años de evolución en lenguajes como para que las nuevas costumbres destruyan el sentido y la cultura adquirida en los primeros años de educación.

Internet, en su carácter imparcial e impersonal y su impacto en las masas precisan de una comunicación lo menos ambigua posible para que la influencia que ocurre en los lectores, sea lo más positiva posible, aunque el contenido del mensaje refleje ideas revolucionarias o malvadas; la descomposición del lenguaje escrito es una infección que debe ser erradicada antes que su influencia propia se extienda y se convierta en el nuevo lenguaje.

Espero que la influencia de mis propias palabras tenga el efecto que dentro de mi razón tengo planeado para éste texto. Cierro recomendando un libro, que se lee de vez en cuando y no de golpe, el título varía dependiendo quién lo edite, pero el más común es “Pequeño Larousse”.

Vic. (Ps. Odio que las personas busquen diminutivos o apelativos de 3 letras para los nombres a parte de los suyos propios, yo no voy por la vida llamando Lui a Luis, Car a Carlas, Mon a Montserrat, Ram a Ramón…)