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Una vez que el ser humano, ha nombrado cada cosa que coexiste a su alrededor, surge entonces una necesidad de agrupar y calificar lo que hay en su entorno. Para el simple hecho de agrupar objetos hay que tener en cuenta un conjunto de elementos, características, decisiones, etcetéra que se hacen de manera subconsiente y no planeada.

Calificar tal o cual objeto como perteneciente a dado conjunto, implica necesariamente la aplicación de una serie de restricciones a las caracteristicas apreciables y medibles por observación simple para decidir si un objeto es o no perteneciente a dado conjunto. Habiendo cumplido esta tarea, el ser humano entonces posee la capacidad de discernir y agrupar de los muchos objetos que vaya encontrando, aquellos que tengan caracteristicas similares (como color, olor, textura, forma), o aquellos cuyo uso final (determinado por el ser humano) sea similar al de otros objetos.

Esto nos lleva a pensar entonces, que existen 2 clases de grupos: los primeros, que tienen su genésis en la simple existencia de los objetos; y como ya se mencionó responde a las características apreciables del objeto. Y los segundos, cuya única relación parece existir en la funcionalidad que para el ser humano, tengan.

Dentro de las muchas características derivadas de estas agrupaciones, existe una muy evidente, clara, y tan necesaria de medir que ha dado origen a todo un estudio y una ciencia. Me refiero a, medir la cantidad.

Es necesario entonces, determinar qué valores puede tener la característica denominada cantidad. Es claro que tenemos que idear alguna forma en la cual podamos distinguir un conjunto de otro mediante esta caracteristíca, es claro también que el nombre o valor que pongamos para el atributo cantidad, debe ser claro y no dejar pie a ambigüedades. Las grandes culturas antiguas se enfrentaron a este problema. Quizá no con las mismas restricciones que aquí planteé, pero si con la misma necesidad: determinar el valor para el atributo cantidad.

La serie conocida como “sistema decimal” y todas las reglas que existen para su uso, son un ejemplo excelente de cómo el ser humano, resolvió este problema. Se me ocurre lo siguiente, idealicemos conjuntos independientes de elementos con existencia única (una manzana, un árbol, otro ser humano). Sin importar las demás características existe una igualdad en el atributo cantidad. Cada conjunto posee entonces la misma cantidad de elementos que los demás.

Hay que ponerle un nombre, que en este punto será común a todos los conjuntos, puesto que todos ellos poseen la misma cantidad de elementos. Demosle un nombre como “uno”. El siguiente paso, sera idealizar a nuestros conjuntos con uno y sólo uno (ya conocemos los conjuntos cuya cantidad es “uno”) elemento más de la misma especie (manzanas, árboles, humanos). Entonces volvemos a darnos cuenta de que, de nueva cuenta, todos los elementos poseen individualmente, la misma cantidad que el resto. Habrá que ponerle un nombre, digamos “dos”.

Este proceso se repetirá tantas veces como sean necesarias para entender que resultaría ineficiente ponerle nombres a todos los conjuntos que vayamos generando, puesto que las cantidades crecen alarmantemente hasta llegar a un momento en el cual se nos podrían terminar los nombres. Es clara en este punto, la necesidad de desarrollar un sistema más eficiente que me permita mediante transformaciones simples y nuevas agrupaciones, obtener el nombre adecuado para el atributo cantidad, inclusive de aquellos conjuntos que no se habian idealizado.

Los mayas llegaron a poner veinte nombres y después desarrollaron las transformaciones pertinentes para poder determinar la cantidad de cualquier conjunto. Los babilonios usaron sesenta. Nosotros usaremos 10. Es fácil pensar la razón por la cual se crearon 10 nombres para las cantidades de los conjuntos si pensamos que un humano promedio, posee 10 dedos en ambas manos, lo cual implica que su capacidad de nombrar cantidades de elementos esta sujeta a las limitantes físicas de su cuerpo.

Así pues, antes de desarrollar transformaciones y relaciones entre los elementos de este nuevo conjunto de nombres es necesario nombrarlo de alguna forma, sólo para podernos referir a ellos de manera simple en el futuro. Digamos entonces que la palabra “número” va a determinar al conjunto de elementos que representan signíficativamente el valor del atributo cantidad. Así entonces para responder a la cuestión: ¿Cuántas naranjas tienes ahí? es necesario idealizar el conjunto de “naranjas” sin los demás atributos más que el de cantidad y consultar su valor. Que bien puede ser: “cinco” o “siete” u “ocho”.

Y entonces, ambos (tanto el que pregunta, como el que responde) estarán hablando de un conjunto de naranjas cuya cantidad es “siete”.