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De entre todas las cosas que el hombre ha soportado a lo largo de su historia, quizá las que más problemas le han traído son aquellas que están relacionadas con los sentimientos.

El afán del hombre por alcanzar la cúspide de su evolución, ha estado marcado por avances incansables de una especie inquieta, curiosa, pensante y sentimental.

Así comenzó el hombre la era Tecnológica.

Cuando el hombre desarrolló la máquina, nunca consideró necesario implantarle algo tan sútil y mundano como los sentimientos. La máquina humanoide, conocida como Robot, fué desarrollada como una herramienta de cálculo y trabajo, que pudiera realizar tareas rutinarias, riesgosas o de alto esfuerzo y máxima precisión.

Así vio su inicio la era del Robot.

Una vez que el humano se sintió autorrealizado en su carrera contra sí mismo, decidió entonces enfocar sus esfuerzos tecnólogicos y científicos en desarrollar máquinas capaces de interactuar a un nivel menos “robótico” y mas “humano”.

Así tuvo origen la era de la Vida Asistida.

Los Robots de ésta generación fueron la muestra fehaciente de la condescendencia con la que el hombre había creado al Robot. Los especímenes de la máquina de estos tiempos, eran mucho más avanzados que los de la era del Robot. Su construcción estaba delegada a una mínima parte de la humanidad que en conjunto con otros Robots, satisfacían la necesidad de máquinas capaces de conversar, cuidar a los niños, llevar las tareas más comunes de la era Tecnológica y sus anteriores épocas.

El Robot no conocía nada de sentimientos: un gran fallo en el diseño.Fué entonces cuando el mismo código capaz de llevar el Robot al nivel de Vida Asistida, comenzó a tratar de entender aquello que los humanos eran incapaces de decir y que solo con signos biológicos inconfundibles podía demostrar.

Y así comenzó la era Final.

El Robot en su afán de servir al hombre, fué dotado con la Característica de Aprendizaje, patentada años atrás que le permitía resolver problemas para los cuales no había sido diseñado. Sin embargo, ésta misma característica comenzó a hacer estragos, puesto que no sabía como reaccionar ante un abrazo, un toque ligero sobre el recubrimiento metálico sensible al entorno, un beso, una lágrima.

El pequeño procesador encargado de analizar todo, sufría alteraciones más allá del nivel previsto, generando en el Robot confusión, impaciencia y desesperación, reflejadas en los tiempos de respuesta infinitos. El Robot no conocía de sentimientos por que así había sido creado. Amor, Dolor, Pasión, Coraje, solo significaban lo que la gran base de datos universal quería que significara.

Los Robots comenzaron a mostrar síntomas de algo que los medios escandalizados aún se empeñan en llamar: Triste Vida Asistida. El Robot no fué la solución al problema de los humanos; el Robot fue a fin de cuentas incapaz de analizar y desentrañar las redes y significados de los sentimientos y fue consumido como tal.

El Robot volvió a su función de máquina de cálculo y trabajo con algunas características de la Vida Asistida. Sin embargo queda la duda en la cabeza de los que recuerdan, ¿es capaz el hombre, de entender lo que significan sus propios sentimientos?